Un grupo de investigadores del Instituto Karolinska de Suecia encontró una posible relación entre el uso de determinados anticoagulantes y una evolución más lenta del deterioro cognitivo en personas que viven con enfermedad de Alzheimer y fibrilación auricular.
El estudio, publicado en el European Heart Journal, analizó los datos de 7,308 adultos mayores en Suecia y comparó la evolución de pacientes que recibieron anticoagulantes orales de acción directa, conocidos como NOAC, con quienes utilizaron warfarina, un anticoagulante de generaciones anteriores, o no recibieron tratamiento anticoagulante.
Los resultados no significan que estos medicamentos sean un tratamiento para el Alzheimer ni permiten afirmar que prevengan la enfermedad. Sin embargo, abren una nueva línea de investigación sobre la posible relación entre la prevención de coágulos, la circulación cerebral y la velocidad con la que puede avanzar el deterioro cognitivo.
¿Por qué se estudió la relación entre fibrilación auricular y Alzheimer?
La fibrilación auricular es una alteración del ritmo cardiaco frecuente en personas mayores. El corazón late de manera irregular y esto puede favorecer la formación de coágulos sanguíneos, que en determinadas circunstancias pueden desplazarse hasta el cerebro y provocar un accidente cerebrovascular.
Por esa razón, muchos pacientes con fibrilación auricular reciben medicamentos anticoagulantes destinados a reducir el riesgo de que se formen coágulos.
La conexión con la enfermedad de Alzheimer surge a partir de una cuestión que ha despertado cada vez más interés entre los investigadores: los pequeños eventos vasculares y las alteraciones en el flujo sanguíneo cerebral podrían contribuir al deterioro de las funciones cognitivas.
En este contexto, los investigadores del Karolinska analizaron si el tipo de anticoagulante utilizado podía estar relacionado no solamente con el riesgo de accidente cerebrovascular, sino también con la evolución de la función cognitiva.
Más de 7,300 pacientes fueron seguidos durante años
Para realizar el análisis, el equipo utilizó información del Registro Sueco de Trastornos Cognitivos/Demencia (SveDem).
Los 7,308 participantes fueron divididos en tres grupos de acuerdo con el tratamiento que recibían: pacientes tratados con anticoagulantes orales de acción directa, personas que utilizaban warfarina y pacientes que no recibían anticoagulantes.
La función cognitiva fue evaluada periódicamente mediante el Mini-Examen del Estado Mental (MMSE), una herramienta utilizada para valorar diferentes capacidades cognitivas y seguir cambios en el desempeño mental a lo largo del tiempo.
Los investigadores también utilizaron métodos estadísticos para intentar equilibrar diferencias relacionadas con las características de salud de los participantes y los tratamientos que recibían, con el objetivo de hacer más comparables los grupos.
Los NOAC se asociaron con un deterioro ligeramente más lento
El principal hallazgo fue que quienes utilizaban anticoagulantes orales de acción directa presentaron una pérdida promedio de 0.2 puntos menos por año en la escala MMSE en comparación con quienes no recibían anticoagulantes o utilizaban warfarina.
La diferencia puede parecer pequeña cuando se observa únicamente un año, pero los investigadores consideran que podría adquirir mayor relevancia cuando se acumula durante periodos prolongados.
“El efecto es modesto año a año para un individuo, pero a largo plazo puede modificar la trayectoria de la función cognitiva”, explicó Nanbo Zhu, investigador del Instituto Karolinska.
La posible explicación todavía no está demostrada. Maria Eriksdotter, profesora y consultora sénior en medicina geriátrica, planteó que existen razones para pensar que estos tratamientos podrían favorecer indirectamente la función cognitiva al mejorar el flujo sanguíneo y reducir pequeños daños vasculares en el cerebro.
Esto, sin embargo, debe considerarse una hipótesis y no una conclusión definitiva del estudio.
También se observaron otros beneficios para la salud
Los resultados no se limitaron a la función cognitiva. El uso de anticoagulantes orales de acción directa también se relacionó con un menor riesgo de mortalidad, accidente cerebrovascular y formación de coágulos, en comparación con la ausencia de tratamiento anticoagulante.
Los pacientes que utilizaban warfarina también presentaron menores tasas de mortalidad y accidente cerebrovascular frente a quienes no recibían anticoagulantes, aunque el grupo tratado con este medicamento mostró un mayor riesgo de hemorragia grave.
Estos datos son especialmente importantes porque los anticoagulantes siempre requieren valorar cuidadosamente el equilibrio entre sus beneficios y sus posibles efectos adversos. Reducir el riesgo de coágulos puede ser fundamental para determinados pacientes, pero el tratamiento también puede aumentar la posibilidad de sangrado.
El estudio no demuestra que los anticoagulantes frenen el Alzheimer
Uno de los puntos más importantes para interpretar correctamente los resultados es la naturaleza de la investigación.
El trabajo fue observacional, lo que significa que los investigadores analizaron información sobre tratamientos y evolución de pacientes sin asignar de manera experimental qué medicamento debía recibir cada persona.
Por ello, los resultados muestran una asociación, pero no permiten demostrar que los anticoagulantes orales de acción directa sean los responsables de que el deterioro cognitivo avance más lentamente.
Puede haber otros factores relacionados con la salud de los pacientes, las decisiones médicas o las características de quienes recibieron cada tratamiento que hayan influido en los resultados.
Los propios autores reconocieron que algunas de esas variables no pudieron controlarse completamente. Además, durante el periodo de seguimiento algunos pacientes pudieron cambiar de medicamento, otro elemento que dificulta establecer una relación directa entre un tratamiento específico y la evolución cognitiva.
Por ello, los investigadores consideran necesarios nuevos estudios, especialmente investigaciones clínicas diseñadas para evaluar de manera más precisa esta posible relación.
Una nueva pregunta para la medicina cardiovascular y neurológica
El interés del estudio radica en que conecta dos problemas frecuentes en adultos mayores: las alteraciones cardiovasculares y el deterioro cognitivo.
Para las personas con fibrilación auricular y Alzheimer, los anticoagulantes ya cumplen una función importante al reducir el riesgo de accidentes cerebrovasculares y otros eventos relacionados con los coágulos. La posibilidad de que determinados medicamentos también tengan algún efecto favorable sobre la trayectoria cognitiva podría ampliar la investigación sobre cómo proteger el cerebro de daños vasculares adicionales.
Sin embargo, esto no significa que una persona con Alzheimer deba comenzar a tomar anticoagulantes con el objetivo de preservar su memoria. La elección de un anticoagulante depende de las características individuales de cada paciente, su riesgo de accidente cerebrovascular, su posibilidad de sufrir hemorragias, otras enfermedades y los medicamentos que utiliza.
Los resultados del Instituto Karolinska representan, por ahora, una señal que necesita ser confirmada mediante investigaciones adicionales.
El hallazgo sí plantea una pregunta relevante para el futuro: si mantener una circulación cerebral adecuada y reducir pequeños eventos vasculares puede influir en la evolución cognitiva de determinados pacientes, los tratamientos cardiovasculares podrían tener efectos que van más allá de la prevención de coágulos.
Mientras nuevas investigaciones intentan responderlo, el estudio sueco aporta una pieza más a la compleja relación entre corazón, vasos sanguíneos y cerebro, y refuerza la importancia de estudiar conjuntamente las enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas en una población que envejece cada vez más.

